Tradúceme.

lunes, 13 de enero de 2014

Llovía.

El día llora su ausencia dejando lágrimas en  los cristales. Gotas que golpean con calma la ventana. Sin rabia, con dolor, con resignación. Salpicándolo todo, sin pausa, sin que haya nada que pueda detener su llanto
No halla consuelo en los recuerdos cálidos que tratan de alejar el frío, ni en el ayer, ni en el mañana.
El cielo se ha vestido del más triste, uniforme y monótono gris. Ni siquiera es capaz de sentir furia y teñir las nubes de colérico negro, de rugir, tronar y relampaguear queriendo reclamar su presencia. No tiene fuerzas, para hacer estallar la tormenta, para hacer soplar iracundo y enojado al viento.
Esperará paciente...
Y él...volverá.


sábado, 11 de enero de 2014

Un beso.

Acércate.
Deja que respire el aire que cubre tu piel.
Ven.
Mi boca está deseando rendirse al primer envite de la tuya.
Mi lengua deseando encontrarse con la tuya, para tener una larga y muda charla contigo.
Deseando decirte todo lo que no sé decir con palabras.
Deseando saber todo lo que callas.
Déjalas que conversen, que se busquen, que se encuentren, que se acaricien, que jueguen, que se amen, que sean preludio y promesa de mucho más.
Regálame tu sabor y que tu aliento sea mío.
Mírame.
Toma de mi lo que quieras.
Sea lo que sea... estoy deseando dártelo.

jueves, 9 de enero de 2014

Un cuento.

Para ser considerado caballero hay que tener al menos diez virtudes:
Bondad, valor, afabilidad, talento poético, elocuencia, fuerza, destreza en caballería, habilidad en el manejo de la lanza, la espada y el arco.
No las poseo todas. Monto a caballo sólo regular y no soy muy de armas, pero dudo que hoy en día abunden las lanzas, las espadas y los arcos, no creo que me vea en el compromiso de tener que usarlas. En cuanto a la elocuencia y el talento poético, también eso sería discutible. Y del resto, si no sobrada, creo tener suficiente. Así que me veo en facultad de nombrarme a mi misma caballero.
Dictan las leyes de la caballería que hay que respetar al débil, ser generoso con el vencido y cumplir religiosamente con la palabra.
A esto último me acojo. Di mi palabra, palabra de amor, de amar fuesen cuales fuesen las circunstancias y las adversidades. Pase lo que pase...te amaré, eso dije, y en esas palabras empeñé mi honor.
Nunca he ganado torneo alguno, aunque me haya batido en buena lid.
No he vencido, pero tampoco me he rendido.
No me queda más orgullo que ser fiel a la promesa que hice.
Mantendré mi palabra, y estará a salvo mi honor.

Que nadie se alarme, no me he comprado una  cota de malla en las rebajas. Me gustan los cuentos y las historias de amor. Porque en todo cuento que se precie hay una, y algunas historias de amor...son de cuento.
Y esto, no es más que eso...un cuento.

miércoles, 8 de enero de 2014

Tiempo.

Su vida se componía de los minutos que pasaba a su lado. No conocía los días completos, tan sólo algunas horas. Para ella no existían las semanas ni los meses, sólo ese breve momento en el que estaba en sus brazos y respiraba de su boca. Sólo entonces se sentía viva, el resto del tiempo, simulaba estarlo.
Murió muy vieja, o muy joven. 
De lo que dijeron que fue su larga vida, ella vivió tan sólo... unos pocos años.

martes, 7 de enero de 2014

Un regalo.

-Hazme un regalo.
-¿Qué te gustaría?
-Quiero una sonrisa.
-Eso es fácil.
-Entonces ¿por qué me regalas tan pocas estos días?
-No tuve motivos para sonreír.
-Regálame una, pero no así, no la fuerces. La quiero llena de magia, de calor, de amor, sincera, alegre, inocente y picara a la vez. Que llegue de tus labios a mi alma, como hacías antes.
-¿Antes de qué?
-No sé, antes de que la perdieras.
-No la he perdido, debo tenerla en alguna parte.
-Búscala, y cuando la encuentres, regálame una.

Algunas veces el regalo que más necesitamos es el que tiene que venir del corazón de otra persona. Algo tan poco material como una sonrisa, un abrazo, un beso, unas palabras... Algo tan sencillo es a veces difícil. Difícil de dar, y puede que mucho más aun de recibir. Puede que no nos atrevamos, o que no sepamos que eso es lo que esperan. Que no miremos bien a los ojos, que no oigamos en los silencios, que no hagamos caso a nuestro propio corazón. Todos los corazones son valientes, no entienden del miedo que nos infunde la razón. Tienen sus propias leyes, sus propias razones. Algunas de mis mejores sonrisas se las debo a atender precisamente a mi corazón. Creo que es mucho más inteligente que el resto de mi persona.

¿Me haces un regalo?

viernes, 3 de enero de 2014

¿Año nuevo?

Los había ido acumulando durante el año, casi sin querer.
Ilusiones, esperanzas, cientos de sueños, hasta que llegó el momento. Ese momento del año en el que nada es imposible, en el que venden el hecho de que todo será como imaginas a precio de saldo. ¿Quién no lo compraría?
Ella lo hizo, invirtió lo que poseía, lo jugó todo a una misma quimera, puso en juego su corazón, incluso su alma, porque esta vez nada podía fallar. Estaba por todas partes, las luces, los colores, la música,  allá donde quiera que mirase, se vendía esa certidumbre.
Y llegó la hora, el día señalado en el calendario, y se vistió de rojo para recibir aquello con lo que soñaba. Y pasó la noche en vela para ver como se cumplían uno a uno sus deseos.
Pero el reloj siguió avanzando dejando atrás la noche y el día amaneció gris y frío, y todo, seguía igual.
El círculo se había cerrado y empezaba uno nuevo, tal vez el mismo, porque no halló diferencia alguna con el día anterior. Eso sí, no le quedaba ni un sólo sueño, ni una sola ilusión, ni siquiera una pequeña esperanza, de que algo fuese a cambiar.
Su rutina la llevó a la calle, bajo una lluvia que parecía no tener valor para arreciar. Las nubes dejaron escapar un rayo de sol de su plomizo encierro. Ella giró la cabeza en todas direcciones buscando lo que el sol suele hacer los días de lluvia, un arco iris, pero no lo encontró. Se dijo a si misma...tal vez la próxima vez que llueva lo vea...
Sin pensarlo ya tenía una ilusión, y pronto soñaría, casi sin darse cuenta. Poco a poco acumularía de nuevo una fortuna en deseos y esperanzas, para poder invertirlas...cuando llegase el momento.

jueves, 2 de enero de 2014

Despacio...




Despacio.
Sin ninguna prisa.
Todo el tiempo del mundo, está en nuestras manos.
En silencio.
Sin palabras.
Todo lo que tenemos que decirnos, está en nuestros labios.
Déjalo crecer.
Poco a poco.
Y llegará un momento;en el que nada... pueda pararlo.