Tradúceme.

martes, 18 de agosto de 2015

Calígine.

Nunca vio el mundo como los demás. Sus ojos eran distintos.
No existían límites. Su mundo no estaba bordeado de ese trazo oscuro que delimita los objetos, como en los dibujos que otros coloreaban de niños. Nada era preciso. Todo se difuminaba y cambiaba.
Su imagen en el espejo era un bosquejo, un boceto. Formas de colores suaves, una figura aún sin terminar. Su pelo era una nube oscura, sus ojos un simple borrón. Su nariz aparecía sin perfilar. Sus labios apenas eran un trazo con color. El resto de su cuerpo parecía envuelto en la neblina, en la bruma de un amanecer. Sus manos apenas cobran forma en la distancia. Igual pueden ser manos que alas, igual podría... echarse a volar.




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