Tradúceme.

sábado, 23 de enero de 2021

Olas...

Olas...

Puede que hasta ahora una palabra tan breve como esa nos hiciera pensar en algo tan inmenso como el mar. En el arrullo y la cadencia suave, o en la bravura de la tempestad. En el olor a salitre. En el sol calentándonos la piel. En la arena húmeda entre los dedos de los pies. En lo incansable y lo interminable. En su constante ir y venir. En ese momento en el que tratan de alcanzarte, de mojarte, y das un par de pasos atrás, intentando huir..

Ahora cuando oímos hablar de olas, recordamos la primera, la segunda, la tercera... Y nos hace pensar en enfermedad, en muerte, en desánimo, en cansancio, en una lucha sin cuartel contra un enemigo invisible que, de momento, nos está ganando todas las batallas. Creo que nunca una palabra fue tan apropiada como esa, olas. La vemos crecer en la distancia. La vemos coger fuerza. La miramos desde la orilla pensando que romperá lejos, que no nos alcanzará. Nos retiramos, un paso, dos, tres... nunca los suficientes. La ola nos da de lleno, otra vez. No sé qué no hemos aprendido de las anteriores, aunque quizá no haya más por aprender porque no hay manera de irnos lo bastante lejos de ella. Estamos anclados en esta orilla y nos salpicará, y con suerte será poco. Creo que sabemos, que no va a ser la última. La sensación, la mía, es que esta, aún está creciendo.

El cielo está gris, las nubes amenazan tormenta, el viento huele a sal, el agua del mar está brava y oscura.

 Y a lo lejos...no deja de crecer una ola...

jueves, 21 de enero de 2021

Regresar...

 

Volver, retomar, continuar...

La imagen es la que tantas veces he visto en algunas películas. Una habitación a oscuras, alguien que abre una puerta por la que se cuela la luz del sol. Motas de polvo danzando en ese haz luminoso, atrevido y curioso. Muebles cubiertos por polvorientas sábanas que un día fueron blancas. Alguien que tira de esos sudarios y el sonido de la tela al caer. Más polvo, tanto que ese alguien sacude la mano ante si queriendo librarse de él. Quizá una tos. Una mirada alrededor para confirmar cuanto trabajo por hacer queda y, que de nuevo ese lugar, este, sea el que era. 

Siempre que escribo algo, lo que sea, comienza en un sitio como este. Tengo tanto que decir y, como siempre, tanto miedo de decirlo. El miedo devora sueños y los sueños no oponen resistencia. Al menos los míos no lo hacen. No creo en perseguirlos. Si un sueño huye de ti, por qué correr tras él. Debe permanecer a tu lado, y tú debes protegerlo y hacerlo crecer. Lo que vivimos hoy en día ha acabado con los sueños de muchos. En mi caso se llevó por delante lo que puedo llamar, inspiración. Acrecentó el miedo. Miedo a que todo lo que pudiera decir se diseccionará, o peor, que no se hiciera y nadie entendiese lo que mis palabras querían expresar.

Sirvan estas para quitar telarañas, sacudir el polvo, abrir ventanas y dejar que entre el aire frío de enero. Sirvan estas para desanquilosar mis dedos, para que recorran una vez más el conocido camino del teclado y ver, para mi sorpresa, que no han olvidado donde están cada una de las letras. Sirvan estas como un entrenamiento no muy extenso ni muy duro, no hay que intimidar a esa inspiración, si alguna vez la he tenido, que parece haberse asomado conmigo a este abandonado lugar...

domingo, 1 de julio de 2018

En ausencia de ti...

Al principio no la notaré, casi no la notaré. Despertaré cada día, los primeros días, buscándote, como siempre, y casi, creeré  que estás conmigo. Tu recuerdo me llenará y podré verte, como si estuvieras ante mi, sin tener que cerrar los ojos. Al principio no dolerá. El dolor viene con el tiempo, cuando todo empiece a enfriarse, cuando al evocarte haya de cerrar los ojos con fuerza, para poder verte. Entonces tu ausencia empezará a hacerse grande, lo invadirá todo, y dejará un espacio vacío que se irá llenando poco a poco de soledad. Una soledad que se hace sólida, real, viva. Y cuando ella me hable, cuando sea mi única compañía, cuando solo estemos las dos. Cuando sean las lágrimas las que me hagan dormir y me despierten cada mañana, entonces, para buscar consuelo y aunque no lo halle, haré lo que te dije que haría en ausencia de ti...
Escribir...
Escribirte, a ti, a tu ausencia, como si pudieras verme, oírme...leerme.

jueves, 22 de marzo de 2018

Si pides un deseo...

Y te imagino mío, y solo mío. Que no amas a nadie más que a mí, que entre los motivos de que exista otra persona en tu vida no se incluye el amor, son otros, pero no el amor. Que no sientes con nadie lo que yo te hago sentir. Que solo me haces el amor a mí, que es otra cosa, cuando estás dentro de otra que no soy yo. Y que incluso en esos momentos, es a mí a quien a deseas, que soy yo quien ocupa tu mente y tu corazón...
Puede que no sea racional querer poseerte, querer ser por entero todo lo que piensas y todo lo que sientes. Que tu tiempo me pertenezca, no porque yo lo pida, sino porque tú quieras entregármelo.
Lo sé, tú no pediste ser amado así, con tanta pasión, con tanta vehemencia, sin descanso ni tregua. No pediste que yo quisiera entregarte mi vida entera, tal vez, eso nunca fue lo que quisiste. ¿Lo pedí yo? ¿Pedí amarte así? Fue quizá mi deseo no tener más vida que la que tú puedas darme. Sentir que no respiro hasta no tener tus labios en los míos, o que no me late el corazón más que cuando tu pecho se apoya en mi pecho. Que mi piel esté fría si no tiene contacto con la tuya, o que mis ojos no vean más que mi reflejo en los tuyos. ¿Quería yo eso? No lo sé, no sé si en algún momento he levantado la mirada a la luna llena o las estrellas y he soñado, deseado, pedido o rogado, amar, amar y amar sin medida alguna.
Y si lo hice, se me olvido completar la petición, debí pedir ser amada... de la misma manera.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Un pedacito de cielo...

Poco a poco fueron creando su propio pasado, sus recuerdos, su historia, la de su pequeña vida. Una vida larga en años, y corta en días, hecha de los trozos que arrancaban al tiempo. Cada vez que tenían uno entre las manos, uno de esos preciosos momentos, lo vivían con tanta intensidad que bien pudiera haber sido eterno. Quizá no disponían de una vida en común entera y completa, pero en su pequeña vida, nunca dejaban nada incompleto. Seguían siempre su instinto y su corazón, y existían, tanto como podían
Tenían un antes, un durante, un ahora, pero no iban a tener un después. Aquel amor, hecho de pequeñas cosas, era inmensamente grande. Decidieron ocultarlo al mundo, que les perteneciese solo a ellos. Lo llenaron de miradas y de sonrisas cómplices. De roces de dedos y besos a escondidas. Esa diminuta vida en mitad del resto de su existencia, era un pedacito de cielo. 
Estaban enamorados, y nadie lo sabía, solo ellos.
Y solo yo...
Pero hagamos como que no los he visto, como que no os lo he contado. Dejemos que sigan amándose, que sigan haciendo crecer su pequeña vida con nuevos e intensos momentos. Dejemos que ese amor tan grande se haga pequeño a los ojos de todos, y sea, solo suyo...

domingo, 25 de febrero de 2018

Cosas que dicen las canciones de amor...

Este instante, este en el que, como dirían las canciones de amor, somos uno. Este en el que estás tan cerca de mi, en el que te acoge cálido mi interior. Este en el que te dejas envolver por mi cuerpo, y te pierdes en mi piel. Este en el que mi boca es dueña de la tuya, y todas las palabras que brotan de ti están húmedas de besos, de pasión. Este, y no otro, es mi momento de conciencia limpia y tranquila, de sinceridad absoluta. Donde la desnudez no tiene nada que ver con la falta de ropa, porque es mi alma, mi corazón quienes tienes ante ti, libres de todo. Libres de todo lo que a diario me ata, incluso libre de ti. Porque en este instante, y no en otro, en esta vida de minutos. Somos, como dirían las canciones de amor, solo uno. Y es mi amor quien te alimenta, quien te hace ser, en este instante y no otro... tú mismo.
Y eres, soy, quien quieres ser, quien quiero ser, quienes queremos ser...

miércoles, 17 de enero de 2018

Este corazón mío...

Y este corazón mío, siempre suplicante, siempre anhelante, siempre esperanzado, no entiende de conveniencias sociales, ni de deberes mal entendidos, ni de nada, que no sea amarte. Ya sé, que solo yo lo oigo, que grita en silencio, que calla, que admite, que consiente. Ya sé, que solo yo sé cuanto sangra, cuanto sufre, cuanto llora, cuanto padece. Y solo yo sé, cuantas veces restañe esas heridas a solas, cuando nadie lo ve, para poder fingir que todo va bien. Cuantas y cuantas veces se ha recompuesto, reemplazando los pedazos más dañados por una ilusión nueva que enseguida late. Injertos de sueños que siempre prenden, por imposible que parezca, siempre lo hacen. Y lo roto, si no lo miras de cerca, parece fuerte e intacto. Nadie salvo yo sabe lo débil que está algunas veces, lo mucho que necesita que alguien lo sostenga con cuidado, lo conforte y lo refuerce. Y nadie sabe que esa persona, eres tú.  No sabía que iba a amarte, y cuando lo supe, no pensé que sería fácil, pero dejarte, alejarme, olvidarte, sería aún mucho más difícil. No sabía que cada una de mis sonrisas, iba a estar precedida de un mar de lágrimas.
Y sí, ya sé, que todo eso solo lo sé yo, que no sale de mi pecho. Que este amor, igual que mi corazón, está encerrado en una cárcel de carne y hueso, prisionero de todo lo que creemos que necesitamos más que el uno al otro. Cautivo, silenciado, clausurado, censurado. Y este corazón mío, siempre suplicante, siempre luchador, golpea con fuerza en este pecho que lo aprisiona, como si quisiera salir e ir en tu busca, como si pudiera llegar a ti y decirte…

¿Es que no ves cuanto te amo…?