Tradúceme.

domingo, 18 de mayo de 2014

La isla de nunca jamás.

Viajaba en coche, con la vista perdida en los trigales que el sol comenzaba a dorar. En los olivares, en la amapolas crecidas en la cuneta, en los blancos cortijos desperdigados y distantes.
La música en la radio hizo que su pensamiento se alejase kilómetros y kilómetros de aquel bucólico paisaje.
Manos enredadas en el pelo, labios con sabor a sal, pieles salpicadas por el mar, puestas de sol. Las olas lamiendo sus pies, la tierra húmeda y fría bajo ellos, el calor de un abrazo. Una lejana isla, que ni conoce, ni conocerá. Noches de luna llena que no contemplará, estrellas que no serán jamás testigos de nada. Amaneceres en los que sol no brillará. La luz sólo vive en su imaginación, todo será oscuridad en cuanto vuelva a realidad. A no ser que lo escriba, a no ser que llene con todo eso un papel.
Y con eso hará vivir un amor. El amor de alguien, que nunca, nunca...la amará.

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