Tradúceme.

martes, 21 de octubre de 2014

Víctor.


Adoraba la rutina que se había establecido en mi vida. Dejar de estar pendiente continuamente del teléfono, no tener que mirar el correo cien veces al día. Cambié el hecho de organizar mi vida para estar siempre disponible para alguien, por el de que alguien estuviese siempre disponible para mí. Levantarme cada mañana al lado del hombre con el que compartía mi vida era maravilloso. Y esa era la palabra que hacía grande aquella relación, compartir. Martín estaba a mi lado y yo al suyo. Estábamos juntos para bien o para mal. Él se había ganado a pulso que pusiera de mi parte todo mi empeño para que lo nuestro funcionase, y lo hacía, funcionaba. Y me atrevía a pensar que eramos felices, y que nada podía perturbar nuestra felicidad.
Trataba de escribir esa segunda parte a la que me había, sin pensar mucho, comprometido. La primera vez no hube de imaginar, solo disimular la verdad. Esta vez estaba resultando muy difícil, y eso era la prueba de mi pobre talento creativo para la escritura. Cada pocas semanas yo pasaba uno o dos días en mi casa. Allí no me concentraba mucho más en mi trabajo como escritora, en realidad lo hacía mucho menos. La editorial me había sugerido que abriese cuentas en algunas  redes sociales con el fin de dar publicidad al libro. Se suponía que había de atender a mis fans, si es que los llegaba a tener, y responder a comentarios sobre las opiniones de quienes leían "Para ti, amor mío". Para eso era necesario la conexión a Internet que tan escasa era en el cortijo.
Martín me había dejado por la mañana en mi casa, ese día solo me quedaría unas horas, Marcela venía de visita y nos recogería a las dos al atardecer. Estaba haciendo tiempo mientras mi hermana llegaba. Curioseando en lo que se movía en esas redes sociales. Había respondido un par de comentarios, cambiado un par de fotos, en fin, esas cosas que había aprendido a hacer para que "se me viese" por ahí. Leía algo sobre la publicación de una novela histórica cuando ese ruidito que te avisa de que has recibido un nuevo correo me llamó la atención. Ya había vaciado la bandeja de entrada, y supuse que sería más publicidad de página de una agencia de viajes a la que sin querer me había suscrito. Volví a la pestaña donde tenía abierto el correo.
El corazón me latía tan salvajemente que pensé que me iba a estallar. Cerré el correo y volví a abrirlo porque aquello que estaba viendo había de ser por fuerza una alucinación. Pero no, cuando conseguí serenarme y mirar vi ante mí y en negrita  uno de esos (Sin asunto), y en las mismas negritas y con mayúsculas un nombre VÍCTOR VEGA...








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