Tradúceme.

lunes, 3 de febrero de 2014

Amantes (1ª parte)

Él había ido quitando una a una todas las capas. La niña asustadiza, la adolescente tímida y acomplejada, la novia fiel, la esposa sufrida, la madre abnegada, hasta que sólo quedo ella; la mujer.
Era suya, él la  había rescatado del lugar en el que llevaba toda una vida atrapada. Aquella mujer que acababa de abandonar su cama. Aquella que paseaba su desnudez con gracia altiva por la habitación mientras le hablaba, tenía que seguir siendo suya.
Le había enseñado cuan poderosa podía ser, cuanto podían desearla los hombres, él, le había enseñado a tener amantes. Había sido su maestro, su mentor, y ella, su aprendiz. Y ahora, parecía capaz de superarlo.
La amaba, la amó casi desde el primer momento, y disfrazo su amor del más puro deseo para no pronunciar nunca un te quiero.
Sentía aún el calor de su piel en la yema de los dedos, quiso retenerla en la cama, pero ella...¿Qué era lo que estaba diciendo? ¿Qué había dicho justo antes de abandonar las sabanas?
-Voy a dejarte.
Las palabras resonaron en sus oídos una vez más, no, no las estaba recordando, no sonaban en su mente, ella, ella volvía a pronunciarlas.
-Estoy enamorada.
¿Enamorada? ¿De quién? ¿Cuándo? ¿Cómo?. Aquellas eran las preguntas que se haría un marido a punto de ser abandonado, pero no él. Él era su amante ¡Por Dios! ¿Cómo se atrevía a abandonarlo? Debería ser él quien lo hiciese, quien la dejase envuelta en un mar de lágrimas en mitad de aquella habitación donde tanto se habían...¿Amado?
Tenía que hacer que volviese a la cama, aquel era su terreno, allí era suya. Sabía como dominar su cuerpo para que respondiese a la más mínima caricia. Allí no necesitaría palabras, sería ella quien le suplicase que la dejase quedarse. Nadie le daba lo que él. Nadie entendía cada uno de sus gemidos como si fuesen instrucciones precisas de lo que deseaba. Sólo él, y no podía permitir que eso cambiase.
Apartó la sabana dejando al descubierto el lugar que ella había ocupado un instante antes, y le habló.
-Ven a la cama, amor...
Ella dejó de mirar por la ventana y giró la cabeza sorprendida.
-¿Amor?

                                     En cuanto pueda...más...

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