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viernes, 14 de febrero de 2014

Amantes (3ª y última parte)

Pronunciar esa sola sílaba le supuso un esfuerzo enorme, jamás le había dicho no, a nada. Se sintió agotada y sin fuerzas, las lágrimas que llevaba rato conteniendo brotaron silenciosas, si no se giraba, él no las vería.
Él no podía creer lo que oía, con aquel no, sintió su corazón resquebrajarse, un corazón que negaba tener, o que ocultaba tanto como podía. Si se levantaba de la cama en apenas unos pasos estaría junto a ella. Debía tener la piel fría, la primavera, que apenas había comenzado, no estaba siendo muy cálida. La abrazaría, pegando el pecho a su espalda, para que se sintiese protegida, para darle el calor que de alguna manera sabía que necesitaba. Pero no era capaz de moverse, ella era arena, agua, que se escurría de sus manos, escapándose poco a poco entre sus dedos. El miedo a perder a quien amaba lo dejó clavado al colchón. Y ella pensó, que a él no le importaba, que como siempre creyó no movería un solo dedo por su amor, que la dejaría ir sin más, si siquiera pedirle que recapacitase. Sin decirle al menos que se quedase...que la deseaba.
Había quemado sus naves, cerrado todas las puertas, no tenía manera de echarse atrás, y él, no le brindaba un resquicio por el que intentar volver, simplemente, guardaba silencio.
Él buscaba las palabras justas, las que le hicieran entender que la necesitaba, pero se detenían en una garganta agarrotada por la falta de costumbre de pronunciarlas.
Recogió su ropa esparcida por el suelo, se vistió en silencio sin girarse a mirarlo ni una sola vez. Si lo hubiese hecho quizá habría visto como la observaba. Puede que ella hubiese encontrado el amor en sus ojos, puede que él hubiese visto sus lágrimas.
Cuando ella se marchó lo hizo pensando que a él no le interesaba, que no la retenía porque no la amaba, y él, se quedó tumbado en aquella cama helada, pensando, que era de otro de quien estaba enamorada.

Algunas veces tenemos el amor, como si fuese un pajarillo posado en la palma de la mano, y por unas cosas o por otras, por no ser consecuente con lo que queremos, porque pensamos que la vida quiere otra cosa de nosotros. Porque pensamos que es algo que no necesitamos, que vivimos bien si él, que no nos hace falta porque tenemos otras cosas. Porque no es más que algo que sentimos, y no le damos importancia. Porque no es más que eso...amor...¡qué locura!...¡a quién se le ocurre enamorarse!. Lo dejamos ir, y justo entonces, lo echamos de menos...en la palma de la mano..


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