Tradúceme.

lunes, 14 de abril de 2014

El mar y la roca.

Miraba el mar desde lo más alto del acantilado. Las aguas estaban tranquilas y de un azul tan transparente que alcanzaba, incluso a esa distancia, a ver el fondo. Las olas rompían contra las enorme rocas. A pocos metros de aquellos gigantes asomaba una mucho más pequeña. El agua se arremolinaba a su alrededor. Parecía que quisiera abrazarla, envolverla. Y a pesar de la inmovilidad de la roca esta siempre se escapaba. Una y otra vez llegaba hasta ella dando una vuelta completa que la rodeaba. Haciendo que la espuma blanca dibujases círculos en el agua, mientras la roca desaparecía bajo ella. El mar insistía en su abrazo, y la roca, se escurría de entre sus brazos.
Eran como tú y yo. Como mi insistencia en amarte. Como mi  empeño en abrazarte para que no te marches. Soy ese mar incansable, paciente. Intentando una y otra vez que estés entre mis brazos.
Como ese mar algunas veces soy furia. Fuerza incontrolable que golpea, que reclama devastadora todo aquello que alcanza para si.
Como ese mar algunas veces soy calma. Ola que cubre suavemente la arena, besándola, para luego retirarse. Murmullo adormecedor lleno de palabras de amor.
No puedo vivir porque te amo, y no podría hacerlo sin amarte.

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