Tradúceme.

sábado, 23 de abril de 2016

Un cielo de primavera, tan llena de vida, y tan lleno de nubes.

Ando perdida entre los distintos tonos de gris de las nubes. Se mezclan con algunas de un blanco tan luminoso que hace daño mirarlas. Juegan con trozos de un cielo azul tan limpio, que parece mentira que a ratos tenga tantas manchas. No hay borde de plata en ninguna, ni en esas gris perla, ni esas gris marengo, ni en aquellas que son de un tono casi negro. En alguna de ellas estoy yo, pero no me encuentro. Salí en tu busca cuando lucía el sol, pero al no hallarte, se ha ido nublando. Por lo que te echo de menos diría que estoy en las más oscuras, pues esa tonalidad han ido tomando mis pensamientos. Los he ido oscureciendo con esos malos sentimientos, con esas inseguridades, con eso que los demás llaman celos. Pero conservo una leve esperanza de que aparezcas. Tal vez no esté en las más negras, puede que en una de esas esas que parecen hechas de algodón. Aunque el día no se aclara, y por más que lo intento, cada vez está el cielo más cubierto. Espero que no haya tormenta, solo la desesperación, la perdida de la ilusión, hacen que se desborden mis lágrimas. Entonces todo se volvería de tan renegrido casi tenebroso, y los rayos partirían en dos el firmamento, como en dos o en más se rompería mi corazón. Veo un rayo de sol. ¡Sí! ¡Allí, entre las nubes más blancas! ¿Eres tú? Y ante la esperanza mi alma vuela.

No… Era tan solo un alma más feliz que la mía, tan radiante, que me has parecido tú. Sigo perdida, entre tanta nube plomiza. Cada vez son más espesas, cada vez más sombrías, ya no distingo un gris de otro, todo tiene el mismo tinte triste y apagado. No hay pedazo de cielo azul que se pueda ver, y el sol no será capaz de colarse entre ellas. Quizá sea mejor que busquéis refugio, porque no sé en qué nube estoy pero por lo que alcanzo a ver, y al no encontrarte, está a punto de comenzar a llover.

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