Tradúceme.

sábado, 19 de abril de 2014

Un día más.

Un atardecer más. Un puesta de sol más. 
¿Cómo podía añorar lo que nunca había tenido?
¿Cómo podía echar de menos unos brazos que nunca la habían abrazado?. ¿Cómo podía anhelar que la  mirasen unos ojos que nunca la había mirado?. ¿Cómo podía desear que la besasen unos labios que nunca la habían besado?.
¿Cómo podía marcharse el sol, un día más, si él no estaba a su lado para despedirlo juntos?
El día y la noche se fundían en uno sólo en esa hora crepuscular. No duraría más que unos minutos, antes de que el uno diese paso a la otra. Antes de que el sol dejase reinar a la luna. Un instante. 
Cuanto hubiese dado ella por tener al menos esa brevedad diaria.
¿Cómo podía el sol desplegar tanta belleza en su adiós diario, si él no estaba con ella para disfrutarla?
¿Cómo podía él, dejar que el sol se pusiese un atardecer más, sin estar con ella?

lunes, 14 de abril de 2014

El mar y la roca.

Miraba el mar desde lo más alto del acantilado. Las aguas estaban tranquilas y de un azul tan transparente que alcanzaba, incluso a esa distancia, a ver el fondo. Las olas rompían contra las enorme rocas. A pocos metros de aquellos gigantes asomaba una mucho más pequeña. El agua se arremolinaba a su alrededor. Parecía que quisiera abrazarla, envolverla. Y a pesar de la inmovilidad de la roca esta siempre se escapaba. Una y otra vez llegaba hasta ella dando una vuelta completa que la rodeaba. Haciendo que la espuma blanca dibujases círculos en el agua, mientras la roca desaparecía bajo ella. El mar insistía en su abrazo, y la roca, se escurría de entre sus brazos.
Eran como tú y yo. Como mi insistencia en amarte. Como mi  empeño en abrazarte para que no te marches. Soy ese mar incansable, paciente. Intentando una y otra vez que estés entre mis brazos.
Como ese mar algunas veces soy furia. Fuerza incontrolable que golpea, que reclama devastadora todo aquello que alcanza para si.
Como ese mar algunas veces soy calma. Ola que cubre suavemente la arena, besándola, para luego retirarse. Murmullo adormecedor lleno de palabras de amor.
No puedo vivir porque te amo, y no podría hacerlo sin amarte.

martes, 8 de abril de 2014

Un momento feliz.

Me gusta escribir y mientras más lo hago, más errores cometo.
Los puntos y las comas siempre se han llevado regular conmigo. Con el punto y coma ni me hablo. Los puntos y aparte me parecen algo trágicos. Y con los puntos suspensivos, bueno, confieso que en cierta época fui adicta a ellos. Aún hoy sigo sintiendo una atracción especial...
Construyo las frases a mi libre albedrío ¿Puedo decir eso para decir que lo hago como me de la gana?
La ortografía y la gramática son dos señoritas estiradas que me miran por encima del hombro.
Escribo sobre instantes y momentos. Los uso como "pegamento" para crear mis historias. Al fin y al cabo qué es la vida sino una sucesión de momentos y de instantes, que pegados, conformando nuestra muy personal historia. Momentos felices, y otros que lo son mucho menos. Hay días en que tenemos un momento feliz, o dos, o tres. A lo mejor hay quien tiene muchísimos todos los días vete tú a saber. Yo he tenido uno hoy, quizás dos si pensamos en el que está sucediendo en este instante. Escribo, y eso, siempre me hace feliz de alguna manera. 
Aunque no sean más que(puntos suspensivos)una sarta de tonterías.
A lo mejor mañana, tengo otro...momento feliz digo.


Y por cierto, y aunque precisamente este no sea un texto de importancia, es la última vez que me "anuncio". Sabéis donde estoy y estáis más que invitados a pasar cuando queráis. No es necesario que os invite cada vez que dejo constancia de algún... momento.

sábado, 5 de abril de 2014

Esperanza.

La esperanza.
Esa que es lo último que se pierde y que algunas veces, debería desaparecer.
Esa que nos hace luchar cuando queremos rendirnos.
Esa garrapata con la cabeza hundida directamente en tu corazón. Gorda y lustrosa, alimentándose de sueños y de ilusiones.
Parásito que no te da nada a cambio. Únicamente de vez en cuando se remueve, ahondando, clavándose, asegurándose de que la notas. Haciéndote saber que sigue ahí, que no la has perdido.
Que no te has deshecho de ella.
Que aún la tienes.
Esperanza.

jueves, 20 de marzo de 2014

Ilusión, desilusión, sueños, realidad...

Había ido llenándose de ilusiones, tan poco a poco que ni siquiera se dio cuenta. Día tras día quiso hacer suyo aquello que le era imposible poseer. La felicidad parecía estar en un escaparate. Como uno de esos vestidos caros expuestos de cara a la calle. Puedes mirarlo al pasar, incluso entrar y probártelo. Piensas que te sienta bien, que parece hecho a tu medida, hasta que le das la vuelta a la etiqueta y sabes que jamás podrías pagarlo. Que no es para ti. Que nunca será para ti.
Había estado usando una felicidad prestada. La esperanza de conservar su sueño había ido creciendo, como un globo que se infla, más, y más, y más...Tanto que sentía que podía levantar los pies del suelo y volar, simplemente aferrándose a aquello que deseaba.
No vio a la realidad abriéndose paso a codazo limpio. Con el rostro frió y cruel de quien sabe que va a hacer daño. No vio como la miraba, riéndose de ella. Mofándose de todos esos sueños que sostenía primorosamente, como una niña que sujetase un ramillete de globos de colores atados a su pequeña muñeca.
No supo en que momento estalló el primero, quizá con aquel ¡No! o con el primer ¡Nunca!.
O tal vez lo hicieron todos juntos, con un estruendo ensordecedor cuando oyó que él le decía entre risas...¿Cómo has llegado a pensar que...?

domingo, 16 de marzo de 2014

Romeo y la luna.

 Él acompañó sus besos de promesas bajo la luz de la luna llena. Envolvió sus caricias en su brillante plenitud. Juró amor eterno, como Romeo quiso hacer, por los rayos que plateaban las copas de los arboles.
 Ella debió detener el juramento, como hiciese Julieta...
"No jures por la luna inconstante, que cambia de aspecto cada mes. No sea que resulte tu amor tan variable"
Una vez más esta noche, hay luna llena.
Ella, cual añosa Julieta, continua esperando en su balcón a un Romeo, que ni siquiera la recuerda.


jueves, 6 de marzo de 2014

Sin título.

No creo que me hayas llamado. Aún no me lo creo. Acabo de colgar el teléfono, he hablado contigo, y todavía no me lo creo.
Te imagino, de pie, justo en el lugar que me has descrito. Anoche nevó y esa zona debe estar preciosa, al igual que tú. El viento agitará tu pelo, llevarás el cuello del abrigo subido y la nariz roja. Seguro que te has olvidado los guantes, tendrás las manos heladas, apretadas con fuerza dentro de los bolsillos, intentando calentarlas. De vez en cuando las sacarás exponiéndolas al aire gélido para mirar la hora. Me esperas, has venido hasta aquí sólo por mí.
¿Por qué? No valgo nada.
Siento como los espectros de mis inseguridades acaban de abandonar su sepultura.
Me observo con atención en el espejo, las llaves del coche en la mano. Iba a salir a buscarte pero uno de esos fantasmas me ha detenido. No eres digno de ella, me ha dicho. Pero ha venido hasta aquí ¡por mi!, le he gritado. Eso lo ha hecho desaparecer, o al menos se ha alejado lo suficiente.
¡Mírate! Ha dicho una visión espantosa de mi mismo desde el espejo. Hace casi un año que no la ves, estás enfermo, huiste ¡mírate! Pero a ella no le importa, le he dicho lloroso, nunca le importó, fui yo quien se marchó, ella me quería.
Te quería, tú lo has dicho, ha susurrado uno de esos espíritus en mi oído. Hablas en pasado, ¡escúchate! Quizá sólo quiere ver que es cierto que te estás muriendo, porque es eso, ese es tu presente, acercarte cada día más a ese momento sin futuro, al día de tu muerte. ¡Cállate! ¡Cállate! Le he gritado, pero no consigo dejar de oír esa voz, aun tapándome los oídos hasta hacerme daño. ¡Silencio! Por favor… por favor… por favor.
Las sombras me hablan, instándome a quedarme. Quiero ir a buscarte, pero… ¿Y si tienen razón? ¡Dejad que vaya por ella! No quiero morir aquí... solo. No estás solo, nos tienes a nosotras, han dicho las voces entre risas
 El teléfono suena y no contesto. No sé cuánto tiempo llevo aquí, hablando con cada uno de esas apariciones que son mi única compañía. Otra vez suena, y otra, y otra
No, no iré, tenéis razón, todo esto no son más que imaginaciones mías. No creo que haya llamado...