Tradúceme.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Un lugar al que escapar...

Quise esconderme en ti, quise huir de mí, pero no te encontré. Te he buscado bajo la lluvia donde sueles estar para mí, pero no te encontré. Las gotas de fría lluvia lavan mis lágrimas. No te encuentro, y no sé qué hacer...
De nuevo estoy en mitad de todo, tratando de mantener el equilibrio y me cuesta hacerlo sola. En el centro del huracán no reina precisamente la paz.
No puedes ayudarme, nunca te hablo de mis problemas, no sabes que los tengo. En tu mundo soy una diosa, en el mío la más insignificante de las mortales. Pero tú me haces descansar, me sacas de aquí, dejo de pensar, de preocuparme. Concentro mis cinco sentidos en ti y espero que tú hagas lo mismo.
 No quiero hablarte de lo que me pasa, de lo que pienso, de lo que siento, no, mejor no, eso sería arriesgarse a que me vieses tal y como soy. Dejarías de ver en mí a la criatura sensual y sexual que deseas, para verme sólo a mí. ¿Me encontrarías entonces tan sumamente apetecible? ¿Seguirías estando loco por mí? ¿Volverías a decirme que me amas?
No puedo correr ese riesgo.
Necesito seguir teniendo un lugar al que escapar, un refugio, un sitio en el que cobijarme. Aunque no pueda hablar de almas ni de corazones, y ese espacio, abarque únicamente tu cuerpo…



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