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domingo, 19 de enero de 2014

EL CABALLERO (1ªparte)

Lo primero que escribí fueron cuentos. Cuentos con hadas, duendes, caballeros, princesas, criaturas mágicas, y cualquier cosa que os pueda sonar a eso, a cuento. Cuando los acababa siempre me parecían que no eran demasiado para niños, porque no conseguía darles un final, digamos, feliz al uso. Pero a mi me resultaban bonitos.
El primero que escribí, el que me servía de abanderado cuando decidía confesar a alguien esta afición que durante años he guardado en secreto, se titulaba, y se sigue titulando, El caballero.
Nunca está escondido entre los archivos y carpetas de mi ordenador, está en lugar visible, y sigue gustándome tanto como el día que lo terminé.
Como digo siempre fue mi avanzadilla, siempre dio la cara por mi, y creo que es justo que El caballero, salga de donde espera paciente, y sea de nuevo...mi caballero.
No es demasiado largo pero quizá si para leerlo aquí, creo que en un par de veces, tres a lo sumo, se podrá leer completo, quien desee y quiera hacerlo claro está.
Espero que os guste.

EL CABALLERO.

El caballero llevaba semanas de viaje, por el camino había luchado con dragones, ogros y alguna bruja. Nunca pensó que el duende al que buscaba viviese tan lejos de su país. Sólo él podía resolver sus problemas, necesitaba ayuda, y por todas partes oía hablar del duende y sus sabios consejos.
A lo lejos divisó un bosque y espoleó a su caballo para que avivase el paso, sin duda era allí donde vivía, tenía que serlo, porque ya desesperaba de poder hallarlo.. 
Al penetrar en el bosque comenzó a sentir algo extraño, que no sabia explicar ni describir, pero que en cierta manera lo inquietaba. Conforme avanzaba los arboles eran más frondosos y más grandes. Todo a su alrededor era verde, y pese a la umbría, no notaba ni humedad ni frío alguno. A pesar de la espesura cada poco encontraba claros en los que la luz del sol lo iluminaba todo, y crecían flores de los más hermosos colores. Sin duda aquel era un lugar mágico.
Encontró un sendero entre los arboles y decidió seguirlo, quizá se cruzase con alguien a quien preguntar por el duende. El camino terminaba en una casita con una puerta exageradamente grande y pintada de un color entre azul y verde, según se mirase.
El caballero ató su montura y llamó a la puerta. Él nunca había visto un duende, y le sorprendió, que ese ser pequeñito con enormes bigotes blancos y una gran sonrisa, fuese aquel de tan renombrada fama.
-Te estaba esperando caballero- dijo el duende abriendo por completo la puerta.
-¿Me esperabas?- dijo asombrado el caballero.
-Sí, las hadas me han hablado de tu visita.
-¿Cómo sabían que venía verte?- preguntó el caballero sin salir de su asombro.
- Te han visto llegar, y algunas son tan pequeñas que has podido confundirlas con simples mariposas.-aclaró el duende.
- No sé, he estado atento por si encontraba algún peligro.
-Aquí no hallarás peligro alguno, todos somos amigos. De vez en cuando alguien tiene problemillas, pero nada de importancia. Siéntate y cuéntame que te trae hasta mi. Has hecho un largo viaje- dijo el duende señalando una silla.
El caballero tomó asiento sin saber muy bien por donde comenzar. Todo llevaba sucediendo tanto tiempo que casi había olvidado cual fue el principio.
-Verás duende....

                                                             Mañana o pasado...más...


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